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La fragilidad de la libertad y de la identidad

5 may. 2010

Acabo de terminar de leer a Darina l-Joundi y Mohamed Kacimi en El día que Nina Simone dejó de cantar Madrid 2010, Santillana. ISBN: 9788420405421.
(Portada. FOTO: Alfaguara.com)

El paralelismo de la peripecia biográfica de ambas mujeres me sumió en una profunda reflexión, con mucho de alarma.

Ambas son producto de sus padres, como figura masculina socialmente aceptada, que apuestan por dotar a sus hijas de una educación en libertad. Un experimento o un imprudente ejercicio de coherencia.

Ambas son mártires en el altar de la intolerancia con la complicidad de la cobardía de amigos que las traicionan en su carrera por la propia supervivencia en una sociedad que avanza hacia el integrismo religioso, la incultura y el autoritarismo.

Ambas son hijas de una educación y de una libertad, quizás ingenua, por la carencia de herramientas que salvaguardando sus principio, les hubiera evitado algunos sufrimientos.

Ambas viven en un periodo inestable en el que un tipo de vida culto y  "decadente" sucumbe ante el violento empuje de un modelo religioso, inculto y fanático.

Ninguna de ellas está lejos de las "brujas" estudiadas por Julios Caro Baroja: Mujeres que poseen un conocimiento diferente del dominante, que choca con la imposición, sucumbiendo víctimas de la intolerancia.

Ninguna de ellas está lejos de todas nosotras, mujeres anónimas subyugadas por una sociedad paternalista en la que los malos tratos y los asesinatos en manos de las parejas (los hombres que aman) están a la orden del día. Invisibles en los círculos de decisión, pero que soportamos la cohesión y estabilidad familiar y por ende social.

La Visibilidad en política, la posibilidad de votar en España, las mujeres pudieron votar, por primera vez en 1931, en la I República. Sólo hace 89 años. Sin embargo, no hay que olvidar que Franco suspendió el voto de la mujer: sólo los cabeza de familia podían votar, ocultándonos otra vez, recuperando el voto ¡¡¡en 1977!!!.

El reconocimiento de los derechos de la mujer, las sociedades igualitarias son hijas de la estabilidad y de la cultura. Son frágiles y no resisten las guerras ni la violencia.