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A vueltas con la Ley Antitabaco

7 ene. 2011

Por qué resulta tan polémica la La Leyantitabaco?
Pues no tengo ni idea. La LEY 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco (pdf) tuvo una mejor acogida, porque se entendía.

La polémica puede estar relacionada con:

La expulsión de la actividad a la calle, a algunas zonas de la calle: "Echar a la calle" tiene un significado punitivo, se asocia al rechazo, a la negación y se produce una derivación del hecho: Fumar, a la persona: Fumador/a. No brinda, a los fumadores más alternativa que algunos espacios de las calles, porque está prohibido en zonas infantiles, hospitales, áreas escolares, etc.
Modifica espacios tradicionales de consumo de tabaco. Espacios que han supuesto la socialización de muchas generaciones y ello provoca sentimientos de desarraigo.

El argumento de la salud de los trabajadores del gremio es demagógico y falaz. Transfiere la responsabilidad a los fumadores y no a las condiciones laborales. Es como decir que la culpa la tienen las pinturas, el amianto, el serrín o el polvo del carbón, en lugar de las insuficientes medidas de seguridad de los espacios y equipos de trabajo.
¿Había otras alternativas? Si el problema es el riesgo de los trabajadores por inhalación de humos, hay soluciones experimentadas: Dispositivos de depuración, ventilación e, incluso, áreas de uso exclusivo para fumadores con máquinas dispensadoras de productos, etc. que ni se mencionan.

El enfrentamiento fumadores-no fumadores: La deplorable puesta  en escena de la "Ley Antitabaco" y la lamentable cobertura que le han dado la mayoría de los medios de comunicación han convertido el hecho en una Guerra de religión: Fractura entre practicantes y no practicantes, anatemización de fumadores, ardiente defensa del no fumar y los perjuicios del consumo por parte de muchos ex-fumadores con la fe de un converso. Resulta preocupante la elevación del tono. Se promueve la delación, el enfrentamiento, que históricamente anteceden  a pogromospersecuciones, en situaciones de crisis.

Prohibir está peor aceptado que permitir y afecta a una costumbre muy arraigada, independientemente de su bondad. Que la norma europea lo exige, nadie lo discute, nos guste o no. Pero ¿A quién favorece hacerla así y ahora? ¿Por qué se alimenta, torpemente, la peligrosa inestabilidad social?