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Convivencia: peatones

2 sept. 2011

Hace unos dias se habló de la petición hecha por algunos dueños de perros de un espacio  en el que los canes puedan estar sueltos, correr, incluso entrenar activity y juegos con sus mascotas, sin colisionar con niños, familias, peatones etc. (Diario de Noticias de Alava, 30-08-2011).

Parece que la dificultad para compartir los espacios públicos es un problema viejo y difícil de resolver.
En  el Buzón Ciudadano las quejas contra dueños de perros, ciclistas, etc. abundan. Hablé de ello en Peatones vs bicis,

Cito al vitoriano Álvaro Vidal-Abarca que en un ingenioso articulito que describe un extendido comportamiento de los peatones vitorianos:
CURIOSIDADES CIRCULATORIAS. Tan manoseado está y tan complejo es el problema de la circulación urbana, que es difícil decir nada nuevo y otro tanto recogerlo en una cuartilla.
Tres son las clases de seres vivos que la protagonizan: peatones, conductores y guardias y varios. Los elementos físicos que las integran: vehículos, calzadas, aceras y señales de todas clases.
La mayoría de estas últimas, están destinadas a los vehículos y quizás por ello y porque los peatones, lo somos todos, circulamos en bandada y como nos da la gana por aceras, al cruzar las calzadas, los agentes de la circulación no darían abasto poniendo multas.
Y sin embargo, el tráfago de los mismos es verdaderamente anárquico especialmente las tardes de los días festivos, en los que familias enteras se lanzan al paseo higiénico en grupos tan nutridos como compuestos por el matrimonio, los niños, alguna tía medio impedia y un par de cuñadas, que al encontrarse unos y otros a la vuelta de cada esquina, forman esos grandes corros indestructibles, en tanto no se agotan los consabidos temas del reuma de la abuelita y la colitis de los nietecitos.
Ante ellos el peatón corriente se encuentra inerme, pues no suele portar ni bombas de mano ni gases asfixiantes, sin que tampoco sean bastantes los guardias, como digo más arriba, para acudir a todo y acaso también por aquello que decía Sancho de que "donde no hay tocinos , no hay estacas". (...)

VIDAL-ABARCA ELÍO, Álvaro Anecdotario secreto del viejo Vitoria. 1976 ISBN 84-500-7211-5